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CartográficoMédiévale à moderne

Plano de Jerusalén y del Templo

מַפַּת יְרוּשָׁלַיִם

Plan perspectif du temple de Jérusalem
Plan perspectif du temple de JérusalemPublic domain · Wikimedia Commons ↗
Plan perspectif du temple de Jérusalem
Plan perspectif du temple de JérusalemPublic domain · Wikimedia Commons ↗
Construction du Temple de Jérusalem
Construction du Temple de JérusalemPublic domain · Wikimedia Commons ↗

Descripción

Representaciones de Jerusalén y del Templo, de los mapas medievales a las vistas modernas.

El Gran Libro

Introducción

Pocos objetos del patrimonio condensan tantas capas de memoria como el «Plan de Jérusalem et du Temple». Bajo esta denominación se agrupan en realidad familias de objetos muy diversas — pavimentos de mosaico, pergaminos iluminados, grabados en madera, litografías y maquetas monumentales — que comparten una misma ambición: hacer visible una ciudad y un santuario investidos de una carga sagrada incomparable. Representar Jérusalem no es nunca simplemente cartografiarla; es confesar una geografía espiritual. La tradición bíblica proporciona ella misma el fundamento de esta convicción: el libro de Ezequiel (5,5) afirma «This is Jerusalem: I have set it in the midst of the nations and countries that are round about her», fórmula que justificará durante siglos el lugar central concedido a la ciudad en los mapas del mundo.

Esta tensión entre fidelidad topográfica y simbólica teológica atraviesa toda la historia del objeto. Los autores antiguos ya la habían percibido: Filón, en su Embajada a Cayo, afirma que Jérusalem está «situada en el centro del mundo», y Flavio Josefo, en la Guerra de los Judíos, escribe que la ciudad de Jérusalem «se encuentra en su mismo centro». La presente obra traza la evolución de estas representaciones, desde las imágenes más antiguas conservadas hasta las reconstrucciones científicas contemporáneas, distinguiendo en cada etapa lo que pertenece al establecimiento archivístico y lo que corresponde a la transmisión memorial.

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  1. v1 · actual · 19 jun 2026

Capítulo 1: El mosaico de Madaba, el plano conservado más antiguo

El testimonio cartográfico superviviente más antiguo de Jérusalem no es ni judío ni latino, sino bizantino, y se encuentra hoy en una iglesia de Jordania. Datando del siglo VI de nuestra era, la carta de Madaba contiene la representación cartográfica original conservada más antigua de la Tierra Santa, y particularmente de la ciudad histórica de Jérusalem. La carta de Madaba (o carta en mosaico de Madaba) forma parte de un pavimento de mosaico situado en una iglesia del inicio del período bizantino.

Su redescubrimiento se debe al azar arqueológico. Descubierta en una ciudad otomana remota en 1884, la carta de Madaba es a la vez una obra maestra del diseño bizantino y un mapa funcional de Jérusalem y del Próximo Oriente del siglo VI. La imagen de la ciudad está tratada como una vista caballera: se reconocen en ella la muralla, las puertas, la gran arteria con columnatas (el cardo maximus) y los principales edificios cristianos, en primer lugar el Santo Sepulcro. La carta no tiene por objeto localizar el Templo judío —destruido desde hacía más de cuatro siglos— sino señalar la Jérusalem cristiana, ciudad de peregrinación y de Memoria evangélica. Inaugura así un rasgo constante del objeto: el plano de Jérusalem está siempre orientado por las expectativas religiosas de quien lo encarga.

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Capítulo 2: Jerusalén ombligo del mundo — los mapas medievales

En el Medievo latino, la representación de Jerusalén deja de ser topográfica para volverse cosmológica. Los grandes mappae mundi sitúan la ciudad en el centro geométrico del mundo habitado. Según el libro de Ezequiel, Dios creó Jerusalén y la proclamó centro de todas las naciones; en el mapa de Hereford, Jerusalén está rodeada por el mundo entonces conocido, compuesto por los continentes de Asia, Europa y África. La ciudad aparece ceñida por una muralla y el Cristo crucificado es figurado sobre ella. La elección no es en absoluto arbitraria: existe un precedente escriturario en el uso de Jerusalén como centro del mundo, pues Ezequiel 5,5 dice «This is Jerusalem: I have set it in the midst of the nations and countries that are round about her».

Esta lógica simbólica culmina en una de las imágenes más célebres de la cartografía del Renacimiento. El mapa en forma de hoja de trébol de Bünting es un grabado en madera realizado en 1581 en Magdebourg; Jerusalén ocupa su centro, rodeada de Europa, Asia y África. Este mapa ilustra un estilo medieval de cartografía en el que el mundo es representado simbólicamente antes que mediante una proyección matemática. Su autor no tenía, por lo demás, pretensión práctica alguna: el teólogo protestante y cartógrafo Heinrich Bünting creó en 1581 un mapa simbólico del mundo, pintado a mano y con forma de trébol de tres hojas, situando Jerusalén en el centro para subrayar su papel central en el cristianismo, el judaísmo y el islam; de ese centro irradiaban tres continentes — Europa, África y Asia. Aquí, la tradición escrituraria y el objeto cartográfico se responden de manera explícita: el mapa es una exégesis en imágenes.

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Plan perspectif du temple de Jérusalem

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Capítulo 3: Vistas impresas e imaginarias de la primera modernidad

La invención de la imprenta multiplica las representaciones de Jerusalén, pero sin aumentar su exactitud. Los talleres de grabado, a falta de observación directa, copian modelos anteriores o recomponen la ciudad a partir de las descripciones bíblicas. La célebre Chronique de Nuremberg de Hartmann Schedel (1493) ofrece el ejemplo paradigmático: su vista de Jerusalén, al igual que las de tantas otras ciudades del mismo volumen, pertenece más a la convención que al relevamiento topográfico, siendo algunas láminas empleadas indistintamente para representar varias ciudades. Estas representaciones obedecen a una lógica de la Memoria transmitida: dan a ver una Jerusalén mental, conforme a la expectativa del lector piadoso, donde el Templo —frecuentemente confundido con la Cúpula de la Roca musulmana, rebautizada Templum Domini— ocupa un lugar de honor. El «plano» funciona entonces como un icono edificante antes que como un documento. Esta tradición gráfica, que pervive hasta el siglo XVII, constituye un testimonio precioso sobre el imaginario europeo de la Tierra Santa, con independencia de su valor topográfico real [según las convenciones iconográficas estudiadas en la cartografía del Renacimiento, Tulane University].

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Capítulo 4: Reconstruir el Templo — el desafío del plano sagrado

El Templo plantea un problema singular: destruido en el año 70 de nuestra era, nunca fue cartografiado en vida. Toda representación de su planta es, por tanto, una reconstitución, fundada en fuentes textuales más que en vestigios. Dos corpus dominan. Una descripción detallada del templo herodiano nos la proporciona Josèphe, mientras que la Mishna, concluida hacia el año 200 de nuestra era, ofrece una planta del templo que corresponde aparentemente a la estructura pre-herodiana, probablemente edificada tras la revuelta de los Macabeos de 168-164 antes de nuestra era. El tratado Middot de la Mishna detalla las medidas y la disposición de los atrios, mientras que, además del edificio del templo propiamente dicho, el recinto sagrado (el temenos griego) comprendía varios patios y estructuras.

Las dimensiones transmitidas por estas fuentes sirven aún de base a las reconstituciones modernas. Según Josèphe y la Mishna, el monte del Templo medía aproximadamente 500 codos por 500 codos, es decir, unos 450 metros por 450 metros, llegando ciertas estimaciones a atribuir a la plataforma ampliada por Herodes varias decenas de acres. La propia altura del santuario fue objeto de antiguos debates, pues Herodes recordó al pueblo que la altura del segundo Templo era inferior en sesenta codos a la del primero. Estos datos cifrados hacen posible una planta, pero la ausencia de excavaciones exhaustivas bajo la explanada actual mantiene una parte irreductible de conjetura: aquí, archivo textual y reconstitución arquitectónica se confirman parcialmente sin llegar nunca a verificarse sobre el terreno.

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Capítulo 5: La maqueta del *Holyland* y la reconstrucción científica

El siglo XX transforma el «plano» en volumen. La maqueta más influyente fue concebida por un arqueólogo de renombre. El modelo del Segundo Templo fue diseñado por el profesor de arqueología de la Universidad Hebrea Michael Avi-Yonah en 1966, y posteriormente trasladado al Museo de Israel en 2006. La maqueta cubre cerca de un acre y recrea la disposición y el estilo arquitectónico de Jerusalén en el año 66 de nuestra era, es decir, en vísperas de la gran revuelta judía contra Roma. Realizada a escala 1/50, esta detallada réplica del Segundo Templo fue encargada originalmente por Hans Kroch para su hotel Holyland, de ahí su nombre habitual de «maqueta del Holyland».

El objeto no está fijado: el profesor Michael Avi-Yonah fue su consultor original, y la maqueta ha sido actualizada en varias ocasiones sobre la base de nuevos descubrimientos arqueológicos. Esta capacidad de revisión marca la ruptura epistemológica con los mapas medievales: la maqueta ya no pretende ilustrar una verdad teológica intangible, sino representar un estado provisional del saber, corregible mediante la excavación. No por ello deja de ser portadora de un sentido identitario. La maqueta de Avi-Yonah ilustra la interacción entre la arqueología y la identidad judía en el Israel moderno; el modelo del Holyland fue encargado entre 1962 y 1966, reflejando las reivindicaciones israelí-judías sobre Jerusalén. Así, incluso en su versión más científica, el plano de Jerusalén sigue siendo un objeto de Memoria.

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Capítulo 6: Permanencias y funciones del objeto

Al recorrer esta larga serie, desde las teselas de Madaba hasta las resinas del Musée d'Israël, emerge una gramática común. El plano de Jerusalén cumple tres funciones que a menudo se superponen. Es ante todo un instrumento de devoción: permite al peregrino impedido caminar en espíritu, y al fiel meditar la topografía de la salvación. Es luego un argumento cosmológico, que sitúa la ciudad en el centro del mundo para significar su primacía espiritual, tal como lo atestiguan unánimemente las fuentes patrísticas y bíblicas evocadas más arriba. Es finalmente, en la época contemporánea, un documento científico, sometido a la revisión permanente que dicta la investigación.

La parte del Templo, en este conjunto, sigue siendo singular. Objeto ausente por destrucción, solo puede ser evocado, deducido o restituido; su plano es una obra de erudición tanto como de imaginación reglada. Las fuentes textuales —Josèphe, la Mishna— desempeñan aquí el papel que en otros casos desempeñan los vestigios, y el rigor consiste en no confundir jamás la reconstitución con el levantamiento. Es en esa distancia asumida entre lo que se conserva y lo que se restituye donde reside el valor patrimonial del objeto.

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Conclusión

El «Plan de Jerusalén y del Templo» no es un objeto único sino una tradición iconográfica plurisecular, donde cada época ha proyectado sus creencias, sus saberes y sus reivindicaciones. El mosaico de Madaba marca el jalón más antiguo conservado; los mapas medievales y la hoja de trébol de Bünting expresan su dimensión simbólica, situando Jerusalén en el centro del mundo en lugar de recurrir a una proyección matemática; la maqueta de Avi-Yonah constituye su culminación científica, recreando la ciudad del año 66 de nuestra era. A través de estas metamorfosis, una constante permanece: la convicción, heredada de Ezequiel, de que esta ciudad no es una ciudad entre otras. Representar Jerusalén y su Templo fue siempre, y sigue siendo, trazar el plano de un lugar donde la Memoria y la Historia no cesan de responderse.

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Características

Procedencia
Diaspora

Bibliografía

  • Sylvie Anne Goldberg, La Clepsydre II. Temps de Jérusalem, temps de Babylone (2004)
  • Mireille Hadas-Lebel, Jérusalem contre Rome (1990)
  • Margalit Shilo, Princess or Prisoner? Jewish Women in Jerusalem, 1840-1914 (2005)

Otros objetos — Cartográfico