Región: Yonkers, New York, États-Unis
registro Historia · depositario, no propietario
Publicado el 19 de junio de 2026
Séminaire pluraliste et transdénominationnel formant rabbins et cantors. Il accueille des étudiants de tous les courants du judaïsme.
L'expresión Academy for Jewish Religion designa hoy dos instituciones distintas, hermanas en espíritu pero autónomas en derecho: la Academy for Jewish Religion de Nueva York, la más antigua, y la Academy for Jewish Religion California de Los Ángeles, que fue en un principio una emanación suya antes de emanciparse. Una y otra encarnan una misma apuesta intelectual y espiritual: formar rabinos, cantores y cuadros comunitarios más allá de las fronteras confesionales que han estructurado el judaísmo americano desde el siglo XIX. Allí donde el seminario reformado (Hebrew Union College), el seminario conservador (Jewish Theological Seminary) y las yeshivot ortodoxas (Yeshiva University) formaban cada uno a los clérigos de un movimiento definido, la Academy for Jewish Religion quiso ser, desde sus orígenes, una casa común.
La presente obra traza la historia de esta institución —o, más exactamente, de esta familia de instituciones— desde su fundación a mediados del siglo XX hasta su reciente auge. La Academy for Jewish Religion fue fundada en 1956 como escuela rabínica; llamada primero Academy for Liberal Judaism, luego Academy for Higher Jewish Learning, recibió de los Regents de la Universidad del Estado de Nueva York una carta que la autorizaba a ordenar rabinos. De esta semilla neoyorquina nacerá, casi medio siglo después, una rama californiana. El relato que sigue se esfuerza por distinguir lo que el archivo establece, lo que la tradición institucional transmite, y lo que la prudencia aconseja presentar como probable.
Para comprender por qué un seminario pluralista pudo surgir en el Nueva York de los años 1950, es necesario remontarse a la tradición erudita europea que irrigaba entonces el pensamiento judío americano. El propio nombre de la Academy remite a figuras de la Wissenschaft des Judentums, esa «ciencia del judaísmo» nacida en Alemania en el siglo XIX, que aplicaba a los textos sagrados los métodos críticos de la filología y de la historia.
Entre los sabios que transportaron esta herencia al otro lado del Atlántico figura Max Schloessinger, cuyo itinerario ilustra la circulación de las ideas y la porosidad de las fronteras confesionales que caracterizaría más tarde a la Academy. Max Schloessinger (1877-1944) fue un erudito judío alemán que trabajó en América, Alemania, los Países Bajos y la Palestina bajo mandato. Formado en las más altas instituciones del mundo germánico, fue ordenado rabino en 1903 en la Lehranstalt für die Wissenschaft des Judenthums de Berlín, tras haber estudiado en Heidelberg, Viena y Berlín, donde obtuvo un doctorado en 1901. Emigrado a los Estados Unidos, se incorporó en 1903 al comité de redacción de la Jewish Encyclopedia en Nueva York.
Su trayectoria ulterior revela ya las tensiones del judaísmo americano. En 1904, abandonó la Jewish Encyclopedia para unirse al Hebrew Union College de Cincinnati como profesor de exégesis bíblica y bibliotecario. Pero esta colaboración no tardó en truncarse: él, Max Margolis y Henry Malter dimitieron del Colegio en 1907 a causa de su apoyo al sionismo, entonces mal tolerado en la institución reformada. Este tipo de ruptura —entre un erudito y la ortodoxia ideológica de su movimiento de pertenencia— prefigura la necesidad a la que respondería, décadas más tarde, una escuela deliberadamente liberada de las lealtades partidistas. La erudición crítica, la atención a los textos y la negativa a subordinar la investigación a una línea confesional constituyen así la matriz intelectual de la que la Academy for Jewish Religion se reclamará heredera.
L'acte de naissance de l'institution est documentée con precisión. La Academy for Jewish Religion fue fundada en 1956 como escuela rabínica. Su historia onomástica es en sí misma instructiva: inicialmente llamada Academy for Liberal Judaism, luego Academy for Higher Jewish Learning, obtuvo de los Regentes de la Universidad del Estado de Nueva York una carta que la autorizaba a ordenar rabinos. Este paso por un reconocimiento estatal — la carta de los Regentes — ancla desde el principio a la escuela en el marco académico estadounidense y no únicamente en la autoridad de un movimiento religioso.
La elección de un nombre, y su sucesivo abandono, refleja una búsqueda de identidad. El término «Liberal» remitía a una coloración reformista y progresista; «Higher Jewish Learning» acentuaba la dimensión erudita; el nombre definitivo, Academy for Jewish Religion, elimina toda etiqueta de movimiento para conservar únicamente el objeto — la religión judía en su globalidad. Esta evolución no es anodina: anuncia la vocación pluralista que se convertirá en la marca de la institución.
La escuela se distingue por un logro pionero en la historia institucional del judaísmo estadounidense. La Academy for Jewish Religion fue la primera escuela rabínica en nombrar a una mujer judía como presidenta. Este hecho, establecido por las fichas de referencia, sitúa a la Academy en la vanguardia de las transformaciones del clero judío en los siglos XX y principios del XXI, en una época en que la ordenación y la dirección de los seminarios seguían siendo, en varios movimientos, bastiones masculinos. El seminario está hoy establecido en Yonkers, en el Estado de Nueva York, y se fundamenta en un enfoque pluralista del judaísmo.
El núcleo doctrinal de la Academy reside en su rechazo deliberado del compartimentamiento confesional. Allí donde los demás seminarios americanos se definen por su pertenencia a una corriente —reformado, conservador, reconstruccionista, ortodoxo—, la Academy reivindica acoger y servir a todo el espectro judío, incluidos quienes no se reconocen en ningún movimiento.
Esta postura responde a una realidad sociológica precisa, que la propia institución pone en primer plano. Como el seminario judío pluralista más antiguo de América, al servicio de todos los movimientos así como de los judíos no afiliados, la Academy for Jewish Religion de Nueva York afirma dar respuesta al hecho de que el 36 % de los judíos americanos declaran no pertenecer a los movimientos reformado, conservador u ortodoxo. La escuela se presenta así como una respuesta institucional a la recomposición del panorama religioso judío, marcado por la erosión de las pertenencias denominacionales clásicas. La Academy imparte estudios rabínicos, cantoriales y de posgrado, y pretende afrontar los desafíos de una comunidad judía transformada y en transformación.
El concepto californiano, formulado por la rama de Los Ángeles, ofrece la definición más explícita. La Academy for Jewish Religion California es una institución transdenominacional de baja residencialidad, consagrada a la formación de rabinos, cantores, capellanes y otros responsables comunitarios judíos, cuya misión es formar líderes religiosos nutridos de la sabiduría y las tradiciones de la Torah, capaces de transformar las comunidades judías en lugares donde todos los judíos puedan crecer hacia una plenitud espiritual. La definición del término mismo se ofrece allí sin ambigüedad: el judaísmo transdenominacional reconoce que todos los movimientos y corrientes del judaísmo contemporáneo son válidos y ofrecen una educación judía y una experiencia espiritual auténticas. Los clérigos y responsables formados en esta vía se comprometen a servir a los judíos donde quiera que se encuentren, con independencia de su ideología o de su afiliación institucional.
La historia de la Academy solo se comprende plenamente siguiendo su desdoblamiento geográfico. En el cambio de milenio, el modelo neoyorquino inspira una iniciativa en la costa oeste, que pronto cobrará autonomía.
La Academy for Jewish Religion California fue concebida como una alternativa transdenominacional a las escuelas rabínicas más consolidadas, por dos rabinos de Los Angeles, Stanley Levy y Stephen Robbins, a quienes se sumó después un tercero, Mordecai Finley, que se convirtió en su presidente poco después de su fundación en 2001. El vínculo con la casa matriz es explícito en su origen: concebida inicialmente como una sede de la Academy for Jewish Religion con base en New York, pronto se volvió independiente.
Los inicios fueron modestos y pragmáticos. En sus primeros años, la escuela se alojó en un pequeño templo del oeste de Los Angeles, antes de instalarse en el Yitzchak Rabin Hillel Center for Jewish Life de la UCLA. La preocupación por la accesibilidad era central: ordenó a sus tres primeros rabinos en 2003 y ofreció a los estudiantes la posibilidad de cursar estudios rabínicos conservando otro empleo. Este formato de baja residencialidad, que rompe con el modelo de la formación a tiempo completo reservada a una élite disponible, amplió considerablemente la cantera de los futuros clérigos.
La institución supo también tejer vínculos interreligiosos. En 2010, la escuela se asoció con la Claremont School of Theology para aportar un componente judío al currículo interconfesional de ese establecimiento. Finalmente, cruzó un umbral simbólico mayor: en enero de 2013, Tamar Frankiel se convirtió en presidenta de la Academy for Jewish Religion, lo que la convirtió en la primera mujer ortodoxa en dirigir una escuela rabínica estadounidense, aun cuando la escuela misma es transdenominacional, y no ortodoxa. La paradoja revela el espíritu de la casa: la dirección de una institución abierta a todas las corrientes puede recaer en una personalidad de tradición ortodoxa sin que ello contradiga la vocación pluralista del conjunto.
Le giro de los años 2010 y 2020 marca, para la Academy de New York, un momento de consolidación en el que el relato institucional y los datos objetivos convergen. La institución conjuga entonces una legitimidad acrecentada y una expansión mensurable.
En tanto que seminario judío pluralista más antiguo de América, al servicio de todos los movimientos y de los judíos no afiliados, la Academy for Jewish Religion de Yonkers celebró en 2021 su acreditación y un crecimiento sin precedentes con motivo de su 65.º aniversario. El título mismo del comunicado institucional subraya el carácter excepcional de este desarrollo: la escuela había, según sus propios términos, duplicado su tamaño en el curso de los cinco años precedentes. La acreditación —garantía de calidad académica reconocida más allá del solo ámbito religioso— viene aquí a validar una trayectoria que la institución venía narrando desde hacía tiempo.
El orden de magnitud del establecimiento, a la escala de un seminario de nicho, está documentado: en 2023, la escuela contaba con diecinueve docentes a tiempo parcial y sesenta y dos estudiantes. Estas cifras, modestas en valor absoluto, adquieren su sentido en relación con la especificidad del espacio que ocupa: la formación de un clero para los sectores no afiliados y para las comunidades que desean un encuadramiento liberado de las disputas entre movimientos. La estructura pedagógica —docentes a tiempo parcial, a menudo practicantes ellos mismos— se ajusta al modelo de una formación accesible a estudiantes ya comprometidos con la vida profesional, modelo que se encuentra, como se ha visto, en la rama californiana.
Así, la Academy ocupa en la cartografía de las escuelas rabínicas estadounidenses una posición singular: ni reformada, ni conservadora, ni ortodoxa, ni reconstruccionista, sino resueltamente transversal. Aparece, en los censos de referencia, entre las instituciones habilitadas para ordenar rabinos y cantores, junto a los grandes seminarios de movimiento, distinguiéndose al mismo tiempo de ellos por su neutralidad confesional reivindicada.
La historia de la Academy for Jewish Religion es la de una intuición que, nacida en 1956 en el New York de la posguerra, supo anticipar una mutación profunda del judaísmo americano: el desmoronamiento de las pertenencias confesionales rígidas y la emergencia de una vasta población judía no afiliada. Lo que la escuela proponía desde sus orígenes —una formación rabínica y cantorial abierta a todas las corrientes— aparece retrospectivamente menos como una excentricidad que como una lectura acertada de las tendencias de larga duración.
De la matriz erudita de la Wissenschaft des Judentums, cuyos transmisores fueron figuras como Max Schloessinger, a la fundación neoyorquina de 1956, luego a la expansión californiana de 2001 y a la consolidación acreditada de los años 2020, la institución traza una continuidad: la de un judaísmo que sitúa el estudio de los textos y el servicio a la comunidad por encima de las fronteras partidarias. El lugar otorgado a las mujeres —primera presidencia femenina de una escuela rabínica, primera mujer ortodoxa al frente de un seminario americano— confirma esta vocación de apertura.
Conviene, sin embargo, mantener la prudencia del historiador: las dos Academies siguen siendo instituciones de tamaño modesto, cuya influencia se mide menos en efectivos que en significación simbólica. Su trayectoria futura —su capacidad para perpetuar su modelo económico de baja residencialidad, para mantener su acreditación y para responder a las necesidades de una diáspora en recomposición— pertenece todavía al dominio de lo probable. Pero su propia existencia atestigua que en el seno del judaísmo contemporáneo, el pluralismo ha encontrado no solo partidarios, sino instituciones para sustentarlo.
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