Hay nombres que, por sí solos, portan un deseo. La lignée Benhaim es de esos. Antes de ser un apellido inscrito en los registros del estado civil colonial o en las ketubbot de los mellahs y las juderías, ben-Ḥayyim fue una invocación: « hijo de la Vida ». Pues la palabra hebrea ḥayyim — plural de forma, singular de sentido — no designa solamente la existencia biológica; dice la vida como don, como promesa y como bendición, la que la liturgia llama en cada fiesta cuando se desea estar « inscrito en el Libro de la Vida ».
Nombrar a un hijo Ḥayyim, en el judaísmo magrebí, nunca fue anodino. Era a menudo un nombre votivo, pronunciado a la cabecera de un recién nacido frágil o después del duelo de un primogénito, para atraer sobre él la protección del Cielo y apartar al ángel de la muerte. De este nombre protector nació, por filiación, todo un pueblo de « hijos de Haim » — los Benhaim, los Benhaïm, los Ben Haim, y hasta las formas hispanizadas Abenhaim que el exilio de España depositó en las costas del norte de África. Este Gran Libro sigue su huella, desde Marruecos atlántico hasta las altiplanicies argelinas, a través de los archivos de la onomástica y la memoria de las comunidades. No pretende reconstituir una única familia en el sentido estricto de la sangre, sino iluminar una constelación de hogares que, todos, se reclamaron de la Vida e hicieron de ella, a menudo, una manera de estar en el mundo.
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Este libro cuenta la historia de los Benhaim. Su propia familia quizás también tenga su Gran Libro — busque su nombre para descubrirlo, o para hacerlo nacer.