Le patronímico Saiman pertenece al inmenso repertorio onomástico de los judaísmos del Norte de África, y más precisamente al de Argelia, tierra donde el judaísmo hunde sus raíces desde la Antigüedad. La ficha de referencia lo describe como una familia judía del Norte de África, atestiguada en las comunidades de Argelia, y señala que Maurice Eisenbeth, en su diccionario onomástico publicado en 1936, recoge tres variantes ortográficas. Esta información, modesta en apariencia, abre en realidad una puerta sobre una historia que abarca varios siglos, hecha de migraciones, de fidelidades religiosas y de adaptaciones sucesivas a los poderes que se fueron sucediendo en el suelo magrebí.
Antes de adentrarnos en el detalle de la lignée, conviene recordar que la escritura de la historia de una familia judía norteafricana tropieza con una dificultad estructural: la documentación. Los archivos comunitarios judíos de Argelia, cuando han sobrevivido, están dispersos, son parciales y a veces permanecen mudos sobre las generaciones anteriores al siglo XIX. Es por ello que la presente obra distingue escrupulosamente, sección por sección, lo que pertenece a la Historia establecida por el archivo, a la Memoria transmitida, y a la Intersección donde ambas se responden. El nombre Saiman será tratado aquí como un hilo conductor: no como propiedad de una sola familia, sino como una realidad onomástica compartida por varios hogares que, en virtud de su patronímico común, participan de una misma tradición cultural [ficha genealógica de referencia; Maurice Eisenbeth, Les Juifs de l'Afrique du Nord. Démographie et onomastique, Alger, 1936].
La ambición de este libro es doble: restituir el marco histórico verificable en el que se inscribe el nombre Saiman, y señalar honestamente los límites de nuestro saber. Allí donde falta la certeza, la hipótesis será asumida como tal; allí donde la tradición habla sin que el archivo lo confirme, será presentada como Memoria. Esta honestidad epistémica es la condición misma de una enciclopedia digna de ese nombre.
Para comprender una familia judía de Argelia, es necesario captar primero la antigüedad del judaísmo en esta tierra. La presencia judía en el norte de África está documentada desde la época romana, mediante inscripciones, vestigios de sinagogas y testimonios literarios. El célebre mosaico y las ruinas de sinagogas antiguas, especialmente en Mauritania y en Numidia, confirman la existencia de comunidades organizadas mucho antes de la islamización de la región [Encyclopaedia Judaica, art. « Algeria » ; André Chouraqui, Histoire des Juifs en Afrique du Nord].
Tras la conquista árabe de los siglos VII y VIII, los judíos del Magreb vivieron bajo el estatuto de dhimmis, protegidos pero sometidos a restricciones. Este período conoció sin embargo el florecimiento de focos de erudición. El influjo de centros como Kairouan, y luego de Tlemcen y de Constantine, convirtió al norte de África en un eslabón importante del mundo judío mediterráneo, en correspondencia con las academias de Babilonia y, más tarde, con España [Encyclopaedia Judaica, art. « North Africa » ; H. Z. Hirschberg, A History of the Jews in North Africa].
El acontecimiento decisivo para la composición de las comunidades argelinas fue la expulsión de los judíos de España en 1492, precedida por las violencias de 1391. Miles de refugiados sefaradíes, los Megorashim, se dirigieron hacia las ciudades del litoral y del interior argelino, donde se encontraron con los judíos autóctonos, los Toshavim. De este encuentro nació una cultura judía argelina compuesta, en la que se entremezclaron tradiciones litúrgicas, lenguas y costumbres [André Chouraqui, Histoire des Juifs en Afrique du Nord ; Encyclopaedia Judaica, art. « Algeria »]. Es en este crisol, al que llegaron familias portadoras de apellidos de orígenes diversos — hebreo, árabe, bereber, romance o español —, donde toma lugar, en un momento que hoy resulta imposible fechar con precisión, el arraigo del patronímico Saiman entre las familias judías del país.
La gran figura de este período fue el rabino Isaac ben Sheshet Perfet (el Ribash), refugiado español establecido en Alger, cuyas decisiones jurídicas conformaron de manera duradera el judaísmo argelino. Junto a Simeon ben Zemah Duran (el Rashbatz), estableció los fundamentos de una jurisprudencia local que rigió durante siglos la vida de las comunidades en las que se inscriben familias como la que nos ocupa [Encyclopaedia Judaica, art. « Duran » et « Perfet, Isaac ben Sheshet » ; H. Z. Hirschberg,
Le document fondateur de toute enquête sur les patronymes juifs d'Afrique du Nord demeure l'ouvrage de Maurice Eisenbeth, grand rabbin de Constantine puis d'Alger, intitulé Les Juifs de l'Afrique du Nord. Démographie et onomastique, publié à Alger en 1936. Eisenbeth y dressa un répertoire systématique des noms de famille portés par les Juifs d'Algérie, de Tunisie et du Maroc, en s'appuyant sur les registres d'état civil, les actes communautaires et son expérience pastorale directe [Maurice Eisenbeth, Les Juifs de l'Afrique du Nord. Démographie et onomastique, Alger, 1936].
C'est dans ce dictionnaire que le patronyme Saiman est recensé, avec trois variantes orthographiques selon la notice de référence. Cette pluralité graphique n'a rien d'exceptionnel : elle est au contraire la signature même de l'onomastique juive nord-africaine. Un même nom, transmis oralement et transcrit tantôt en caractères hébraïques, tantôt en caractères arabes, puis enfin en caractères latins par l'administration française, pouvait recevoir plusieurs orthographes concurrentes. La fixation tardive et parfois arbitraire des graphies par l'état civil colonial explique l'existence de ces variantes pour un seul et même lignage [Maurice Eisenbeth, op. cit. ; Joseph Toledano, Une histoire de familles].
Sur l'étymologie précise du nom Saiman, la prudence s'impose et aucune affirmation catégorique ne saurait être avancée sans risque d'erreur. Les patronymes juifs d'Algérie se répartissent généralement en quelques grandes familles d'origine : noms hébraïques (renvoyant à une fonction religieuse, à un ancêtre biblique ou à une vertu), noms arabes ou berbères (souvent liés à un métier, un lieu ou un trait physique), et noms d'origine ibérique apportés par les exilés de 1492 [Maurice Eisenbeth, op. cit. ; André Chouraqui, Histoire des Juifs en Afrique du Nord]. Le rapprochement phonétique du nom Saiman avec d'autres patronymes connus relève ici de l'hypothèse plus que de la démonstration ; il convient donc de le mentionner « selon les usages onomastiques régionaux » sans en faire une certitude. Ce que l'archive établit avec assurance, c'est l'existence du nom et de ses variantes dans le corpus d'Eisenbeth ; ce qu'elle laisse à la conjecture, c'est le sens premier porté par ces syllabes.
Las familias judías argelinas no se distribuyeron de manera uniforme sobre el territorio; se concentraron en tres grandes conjuntos comunitarios, alrededor de los cuales gravitaban focos más pequeños. El primero era el de Argel y su región, antigua capital del judaísmo argelino desde la época otomana, sede de la autoridad rabínica del Ribash y del Rashbatz [Encyclopaedia Judaica, art. « Algiers » ; André Chouraqui, op. cit.].
El segundo conjunto, el de Orania, en el oeste del país, estuvo profundamente marcado por la aportación Séfarade y por los vínculos con el vecino Marruecos y con España. Oran, Tlemcen, Mostaganem y Nedroma contaban con comunidades activas, a menudo orgullosas de su ascendencia ibérica [Encyclopaedia Judaica, art. « Oran » et « Tlemcen »]. El tercer conjunto, el Constantinois, al este, en torno a Constantine, Sétif, Bône (Annaba) y Guelma, conservó durante mucho tiempo una fisonomía más oriental, más próxima a la tradición arabófona, y dio al judaísmo argelino algunas de sus más grandes figuras rabínicas [Encyclopaedia Judaica, art. « Constantine » ; Maurice Eisenbeth, op. cit.].
Sin que sea posible localizar con certeza el foco originario de los portadores del nombre Saiman, la ficha de referencia vincula la lignée a las comunidades de Argelia en sentido amplio. Esta pertenencia verosímil inscribe a la familia en el destino común de esas comunidades: un modo de vida organizado en torno a la sinagoga, el heder y las cofradías caritativas, una economía dominada por la artesanía, el pequeño comercio y los oficios ligados al textil y a los metales preciosos, y una vida religiosa marcada por el calendario hebreo y las peregrinaciones a los sepulcros de los santos, particularidad señalada del judaísmo magrebí [André Chouraqui, op. cit. ; Joseph Toledano, Une histoire de familles]. La propia distribución de las variantes ortográficas del nombre, si pudiera cartografiarse sobre los registros, revelaría probablemente varios focos de implantación, como ocurre con la mayoría de los apellidos recensados por Eisenbeth.
L'año 1870 marcó una ruptura fundamental en la historia de los judíos de Argelia, y por tanto en la de todas las familias que la componían. El decreto Crémieux, firmado el 24 de octubre de 1870, otorgó colectivamente la ciudadanía francesa a los judíos autóctonos de los departamentos argelinos. Con una sola medida, unas treinta y cinco mil personas pasaron del estatuto de indígenas al de ciudadanos franceses [Encyclopaedia Judaica, art. « Crémieux Decree » ; Benjamin Stora, Les trois exils. Juifs d'Algérie].
Esta naturalización tuvo consecuencias profundas y duraderas. En el plano del estado civil, impuso la fijación definitiva de los apellidos en grafía latina, lo que contribuyó precisamente a consolidar las variantes ortográficas que más tarde recenseará Eisenbeth. En el plano cultural, abrió el camino a una acelerada afrancesamiento: la escuela de la República, la lengua francesa y nuevas aspiraciones profesionales transformaron en pocas generaciones el rostro de las comunidades [Benjamin Stora, op. cit. ; Encyclopaedia Judaica, art. « Algeria »].
Pero esta integración tuvo también un reverso trágico. El decreto Crémieux alimentó un antisemitismo virulento, particularmente activo en la Argelia colonial a finales del siglo XIX, durante la crisis antijudía que culminó en torno al affaire Dreyfus. Luego llegó la prueba más dura: bajo el régimen de Vichy, el decreto Crémieux fue abrogado el 7 de octubre de 1940, y los judíos de Argelia fueron brutalmente despojados de su ciudadanía, excluidos de las escuelas, de las profesiones y de la vida pública, antes de ser restituidos en sus derechos tras el desembarco aliado y la Liberación [Encyclopaedia Judaica, art. « Crémieux Decree » ; Benjamin Stora, op. cit.]. Una familia como la de los Saiman, ciudadana desde 1870, atravesó necesariamente estas convulsiones, compartiendo la suerte del conjunto del judaísmo argelino.
Más allá de las grandes fechas de la historia política, la sustancia de un linaje judío norteafricano reside en su vida religiosa y en la memoria de sus figuras. La ficha de referencia indica que este tipo de ficha genealógica describe, «cuando se conocen, las figuras rabínicas o comunitarias asociadas al linaje». En el caso del nombre Saiman, el estado actual de la documentación accesible no permite identificar con certeza una figura rabínica mayor y universalmente reconocida; conviene decirlo con franqueza en lugar de inventar una genealogía de prestigio [ficha genealógica de referencia].
Esta reserva no disminuye en modo alguno la dignidad del linaje. En el judaísmo argelino, la transmisión no reposaba únicamente sobre grandes rabinos, sino sobre una multitud de actores discretos: el hazzan que conducía la oración, el sofer que copiaba los rollos, el shohet que velaba por el sacrificio ritual, el mohel que practicaba la circuncisión, y sobre todo los padres y madres de familia que enseñaban a sus hijos la oración y los mandamientos. Es a través de esta cadena humilde y continua como el judaísmo se ha perpetuado en las familias argelinas [André Chouraqui, op. cit. ; Joseph Toledano, op. cit.].
La memoria familiar, tal como se transmite oralmente en las familias judeo-argelinas, conserva a menudo el recuerdo de peregrinaciones a las tumbas de los santos —la ziyara—, de fiestas domésticas como la Mimouna al término de Pascua, y de costumbres culinarias y musicales propias del Magreb. Estos elementos, que pertenecen a la tradición transmitida más que al archivo escrito, constituyen el patrimonio vivo que toda familia que lleve un nombre registrado por Eisenbeth, incluida la de los Saiman, puede legítimamente reivindicar como suyo [André Chouraqui, op. cit. ; Joseph Toledano, op. cit.]. Aquí, el historiador cede su lugar al guardián de la Memoria, y el estatuto del saber se convierte en el del testimonio recibido.
L'histoire du judaïsme algérien connut son dénouement avec l'indépendance de l'Algérie en 1962. À la différence des autres communautés du Maghreb, les Juifs d'Algérie, citoyens français depuis 1870, quittèrent massivement le pays au moment de l'indépendance, dans le grand mouvement de départ des Européens et des pieds-noirs. La quasi-totalité de la communauté, soit plus de cent mille personnes, gagna la France métropolitaine, tandis qu'une minorité s'établit en Israël ou ailleurs [Benjamin Stora, Les trois exils. Juifs d'Algérie ; Encyclopaedia Judaica, art. « Algeria »].
Ce fut, selon l'historien Benjamin Stora, le troisième et dernier des « trois exils » du judaïsme algérien : l'exil de la judéité ancienne emportée par la francisation, l'exil de la citoyenneté arrachée par Vichy, et enfin l'exil géographique de 1962 [Benjamin Stora, op. cit.]. Pour les familles, ce départ signifia l'abandon des maisons, des cimetières, des synagogues et des tombeaux vénérés, mais aussi la transplantation d'une culture sur un sol nouveau.
En France, les Juifs d'Algérie, parmi lesquels figurent les porteurs du nom Saiman, contribuèrent au renouvellement profond du judaïsme français, lui apportant leur vitalité liturgique, leurs traditions séfarades et leur attachement à la pratique. Les communautés de Paris, Marseille, Lyon, Strasbourg, Toulouse et de nombreuses autres villes furent revivifiées par cet apport nord-africain [Benjamin Stora, op. cit. ; Encyclopaedia Judaica, art. « France »]. Ainsi, le nom Saiman, né et enraciné sur le sol algérien, poursuit désormais son histoire dans la diaspora, fidèle à cette capacité d'enracinement et de réenracinement qui caractérise depuis toujours le peuple juif.
Al término de este recorrido, el nombre Saiman aparece menos como un enigma por resolver que como un testigo elocuente de una historia colectiva. Lo que el archivo establece con certeza cabe en pocas palabras: una familia judía del Norte de África, atestiguada en las comunidades de Argelia, cuyo patronímico figura con tres variantes ortográficas en el diccionario onomástico de Maurice Eisenbeth de 1936 [Maurice Eisenbeth, op. cit. ; notice de référence]. Todo lo demás — la etimología precisa del nombre, el hogar originario exacto de la lignée, la identidad de sus antepasados medievales — permanece en el dominio de la inferencia razonable más que de la prueba.
Pero esta modestia documental es en sí misma portadora de sentido. Recuerda que la historia de las familias judías norteafricanas se escribe con mayor frecuencia en hueco, a partir del marco común en el que cada lignée se inscribía: la antigüedad del judaísmo argelino, la aportación sefardí de 1492, la organización comunitaria en torno a la sinagoga, el seísmo del decreto Crémieux, la prueba de Vichy y el éxodo de 1962. La lignée de los Saiman ha atravesado verosímilmente todas estas etapas, compartiendo el destino de un judaísmo a la vez profundamente arraigado y perpetuamente móvil.
Este Gran Libro no ha pretendido reconstituir una genealogía que no está documentada; ha querido, con mayor honestidad, situar un nombre en su mundo y restituir la dignidad de una historia compartida. Del suelo antiguo de Numidia a las sinagogas de la diáspora francesa contemporánea, el nombre Saiman lleva en sí, como tantos otros, la Memoria viva de un pueblo [André Chouraqui, op. cit. ; Benjamin Stora, op. cit.].