El patronímico Bleitrach destaca ante todo por su rareza y por la labilidad de su grafía, características frecuentes de los nombres judíos de Europa oriental. Los judíos, por razones bastante legítimas, solo tenían una confianza muy relativa en las autoridades y se opusieron tanto como pudieron a la nueva norma sobre los apellidos. Si en un marco oficial debieron optar por apellidos, entre ellos conservaron el uso tradicional «ben» o «bas». El desfase entre el registro civil impuesto y el uso interno explica que, durante varias generaciones, un mismo linaje pudiera ver su nombre transcrito de maneras divergentes según los registros —polaco, ruso imperial, alemán, francés de acogida.
Las variantes *Blajtrach*, *Blejtrach*, *Bleytrach* y *Blaitrach* remiten todas a un mismo étimo yidis donde el elemento *blajt-* / *blei-* evoca, en una lectura germano-yidis plausible, el plomo (*Blei* en alemán, *blay* en yidis) —la morfología del nombre, con su terminación *-trach* difícil de vincular a una raíz eslava estable, aboga por un origen en el léxico germánico transcrito a través de la fonética yidis, y luego repolonizado en las actas del registro civil del reino de Polonia congresual. En yidis o alemán, sería «hijo» o «sohn» o «er». En la mayoría de las lenguas eslavas como el polaco o el ruso, sería «wich» o «witz». Este nombre escapa, no obstante, a estos sufijos patronímicos habituales, lo que lo emparenta más bien con los nombres descriptivos, profesionales o toponímicos, característicos de la segunda oleada de atribución napoleónica y posnapoleónica.
Los judíos constituyen, en Europa Oriental, una importante minoría religiosa y étnica; expulsados sucesivamente de la mayoría de los Estados de la Europa cristiana, se habían refugiado en Polonia, para formar allí poco a poco, del siglo XV al XVIII, una nacionalidad bien diferenciada por la religión, las costumbres y la lengua. Esta, el yidis, es un dialecto alemán —así situaba ya el onomatólogo Michel Roblin, en la *Revue Internationale d'Onomastique*, desde 1950 el fondo lingüístico del que emergen nombres como Bleitrach [Roblin, 1950]. El patronímico, en sus diversas ortografías, pertenece pues al acervo yidis de Polonia central, y su grafía *Bleitrach* —con -ei- más que -aj- o -ej- delata verosímilmente una afrancesamiento tardío por transcripción gráfica de los documentos polacos o alemanes a la entrada en Francia.
Antes de ser dispersado por el siglo XX, el linaje Bleitrach, como tantas otras familias judías de su zona, hunde sus raíces en la llamada Polonia «del Congreso», esa entidad administrativa nacida del Congreso de Viena en 1815 y colocada bajo soberanía rusa hasta 1918. Varsovia y Łódź, las dos ciudades a las que el patronímico se asocia con mayor frecuencia, constituían allí los dos polos mayores del judaísmo polaco: la primera, capital administrativa y cultural; la segunda, metrópoli textil en expansión fulgurante a partir de la década de 1820, que atrajo una inmigración judía masiva desde los *shtetlekh* circundantes.
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, Varsovia albergaba la mayor comunidad judía de Europa, y Łódź la segunda del territorio polaco. Los Bleitrach atestiguados en estas ciudades participaban probablemente, como la mayoría de los judíos de la Polonia congresual, en la economía artesanal y comercial —sastres, tejedores, buhoneros, pequeños comerciantes— que proporcionaba a la ciudad textil de Łódź su mano de obra y sus intermediarios. La lengua cotidiana seguía siendo allí el yidis, el hebreo la del culto, el polaco y el ruso las de la administración. Esta superposición lingüística explica a la vez la plasticidad gráfica del nombre y la fluidez identitaria en la que vivieron estas generaciones hasta las convulsiones del siglo XX [Encyclopaedia Judaica, *s.v.* «Warsaw» y «Łódź»].
Es posible, aunque no esté documentado por las fuentes consultadas, que el nombre haya surgido por ramificación a partir de una de las formas vecinas —*Blajtrach* sigue siendo la grafía más probable en los registros polacos anteriores a 1918— y luego se haya fijado en tal o cual rama con ocasión de una emigración o de un acto de naturalización. En el estado actual, ninguna genealogía publicada remonta el linaje más allá del siglo XIX, y la ausencia de documentos del corpus Zakhor que citen nominalmente a los Bleitrach impone la prudencia.
El comienzo del siglo XX ve un desplazamiento mayor de las poblaciones judías de Polonia hacia la Europa occidental y las Américas. Los pogromos del Imperio ruso, luego la inestabilidad de la Polonia reunificada de 1918, y más aún la crisis económica de la década de 1930, provocan un éxodo del que Francia —y singularmente París y Marsella— se convierte en uno de los destinos. Es en este movimiento donde debe situarse la documentación sobre la familia Bleitrach.
El caso mejor establecido es el de la familia paterna de Danielle Bleitrach. El libro de Danielle Bleitrach publicado este verano de 2019, "le temps retrouvé d'une communiste", es un libro de memoria, un libro de historia, un libro político, muy personal y muy político, como esta vida extraordinaria de una hija de una vendedora de Prisunic feminista, un abuelo judío muerto en Auschwitz, una bisabuela que había conocido la Comuna de París. Esta información capital, difundida por la prensa militante en 2019, atestigua que al menos una rama del linaje había llegado a Francia antes de la Segunda Guerra Mundial, y se había arraigado allí —la mención de la Comuna de París por el lado materno situando a la familia en un medio de obreros y militantes franceses, mientras que el apellido Bleitrach, transmitido por la línea paterna, seguía siendo el marcador del origen polaco.
Esta configuración —un padre judío de origen polaco, una madre procedente de la clase obrera francesa— era típica de la generación de los niños judíos nacidos en Francia en los años 1930. Su familia materna era de origen obrero. Su madre, Jeanne Biressi, vendedora en el Prisunic de Marsella y luego en el mobiliario, era miembro del Partido Comunista; su abuela militaba en la UFF (Union des femmes françaises); su abuelo, tranviario, había militado en la CGTU. El hogar marsellés en el que nace Danielle Bleitrach en 1938 encarna así ese encuentro entre la diáspora judía polaca y la tradición obrera meridional, encuentro del cual el apellido Bleitrach se convierte en el emblema onomástico.
La Segunda Guerra Mundial fractura irremediablemente el linaje. La Polonia ocupada se convierte, a partir de 1939, en el epicentro del exterminio: el gueto de Varsovia, creado en noviembre de 1940, y el de Łódź, el más antiguo y el último en ser liquidado, absorben y luego eliminan la casi totalidad de las comunidades judías de las dos ciudades que albergaban las cepas del nombre. El 22 de julio de 1942, la víspera del 9.º día del mes de Av en el calendario judío, los alemanes emprenden la deportación masiva de los habitantes del gueto de Varsovia. Las deportaciones del verano y del otoño de 1942 hacia Treblinka, seguidas por el aplastamiento del levantamiento del gueto en abril-mayo de 1943, aniquilan a los Bleitrach que no habían emigrado.
Para la rama francesa, la catástrofe reviste un rostro más singular. El abuelo paterno de Danielle Bleitrach, judío polaco instalado en Francia, es arrestado y deportado a Auschwitz, donde es asesinado [*Faire Vivre le PCF*, 2019]. Este asesinato inscribe el linaje en la larga lista de las familias judías de origen extranjero entregadas por el Estado francés a los ocupantes nazis, y explica que Danielle Bleitrach naciera en 1938 en una familia judía. Su primera infancia está, según sus palabras, «marcada por el miedo, —el miedo al recuento, a la estrella, a la redada, y más tarde al duelo jamás explicitado.
El hundimiento del mundo yiddish polaco no afecta solamente a los desaparecidos. Priva a los supervivientes del trasfondo comunitario que habría permitido, en circunstancias ordinarias, la reconstitución de las filiaciones: registros sinagogales incendiados, cementerios profanados, archivos del registro civil dispersados o destruidos. El linaje Bleitrach, como la mayoría de los linajes judíos de Polonia central, pierde así una parte considerable de su memoria genealógica anterior a 1939 —hecho que, tanto como el exterminio mismo, explica la rareza de las atestaciones en los corpus históricos y la casi imposibilidad de remontar, para la mayoría de las ramas, más allá de tres o cuatro generaciones.
La generación nacida en Francia poco antes o durante la guerra hereda una doble memoria: la del judaísmo polaco pulverizado, y la de la Resistencia francesa, de los maquis comunistas y de la esperanza de reconstrucción. Danielle Bleitrach, en quien esta doble memoria encuentra su expresión más elaborada, se convierte en la figura intelectual por la cual el apellido Bleitrach adquiere su notoriedad pública.
Danielle Bleitrach (nacida en 1938) es una universitaria, socióloga, periodista, ensayista y novelista francesa. Ha publicado, principalmente en colaboración, diversas obras sobre la clase obrera, el movimiento obrero, la urbanización, América Latina, el nazismo. Su trayectoria universitaria se inscribe en las instituciones francesas de vanguardia: Danielle Bleitrach (born 1938) is a French sociologist and journalist. From the 1970s through the end of the century, she was CNRS researcher and lecturer at the Aix-Marseille University, focusing on the sociology of the working class and urbanization. From 1981 to 1996 she was a member of the Central Committee of the Communist Party of France, then the National Committee of the Party. She was also assistant editor-in-chief of the party weekly Révolution. She has contributed to La Pensée, Les Temps Modernes and Le Monde Diplomatique.
Su compromiso comunista, precoz y duradero, hunde explícitamente sus raíces en la doble memoria familiar. Este período estudiantil correspondió también a sus primeros compromisos políticos. Se afilió al Partido Comunista Francés en 1956. Muy influenciada por el papel desempeñado por la URSS contra el nazismo, inscribe su pensamiento y su militancia en una herencia donde la destrucción del abuelo en Auschwitz funda, más que cualquier abstracción teórica, la fidelidad al antifascismo. La bibliografía de Danielle Bleitrach —ya se trate de *L'Usine et la vie* coescrito con Alain Chenu en 1980, de los trabajos sobre América Latina, o de *Le Temps retrouvé d'une communiste* publicado en 2019— compone un edificio intelectual donde la sociología de la clase obrera dialoga con la memoria de la Shoah y la larga historia de la izquierda francesa [Éditions Delga]. Cabe señalar también, en la misma familia, los trabajos de Danielle Pereillo-Bleitrach sobre la iconografía medieval provenzal —Danielle Pereillo-Bleitrach, Étude iconographique du prieuré de Saint-Paul-de-Mausole et de l'abbaye de Montmajour— que atestiguan la continuidad del nombre en el paisaje intelectual francés de la segunda mitad del siglo XX.
En el umbral del siglo XXI, el linaje Bleitrach se reparte en algunos focos principales, todos surgidos de la ruptura de la Shoah. Francia —y más precisamente Marsella y la región parisina— constituye el núcleo mejor documentado, gracias a la visibilidad pública de Danielle Bleitrach y de su descendencia intelectual. Las Américas, evocadas como destino secundario en la nota inicial, albergan probablemente otras ramificaciones surgidas de las migraciones de entreguerras y del período inmediatamente posterior a 1945, cuando los supervivientes de los campos y las personas desplazadas encontraron en los Estados Unidos, Argentina o Canadá tierras de acogida. A falta de un censo genealógico centralizado para un apellido tan raro, estas ramas permanecen, en el momento en que se escribe este libro, en gran medida por reconstituir.
La dispersión geográfica va acompañada de una dispersión onomástica: según los países de acogida y los funcionarios del registro civil, *Bleitrach* pudo estabilizarse en su grafía francesa, mientras que *Blajtrach* o *Blejtrach* persistían en los documentos heredados del registro civil polaco, y *Bleytrach* o *Blaitrach* aparecían esporádicamente en los registros americanos. Esta pluralidad gráfica, lejos de ser un simple accidente, constituye una de las claves de la investigación genealógica para los descendientes: todo árbol Bleitrach exhaustivo debe integrar estas variantes y aceptar que el nombre tal como se presenta hoy sea el sedimento de varias travesías administrativas.
El linaje, como se ve, no es una estirpe en sentido dinástico —es un archipiélago: algunos individuos atestiguados, un nombre raro, un yiddish borrado, una memoria política viva, y un silencio documental sobre las generaciones anteriores a 1900 que ni la historia ni la investigación podrán probablemente levantar jamás. Es este archipiélago, más que una filiación lineal, lo que el apellido Bleitrach da hoy a pensar.